Gestionar la incertidumbre

Mi experiencia como deportista de elite me ha ayudado a la hora de afrontar posteriores retos empresariales, a veces muy dispares entre ellos, combinando las últimas tecnologías con las finanzas, el deporte o la investigación en campos como la computación cuántica o la inteligencia artificial. Aprender a gestionar las emociones y lo racional en tiempos de incertidumbre, como los que estamos viviendo, es todo un desafío. Durante años conviví con la presión de competir cada día en cada entrenamiento cuando era baloncestista en el FC Barcelona, Joventut o Panathinaikos, buscando el máximo rendimiento individual adaptándolo a las necesidades del equipo para ganar competiciones. Algo similar al trabajo en las organizaciones empresariales, donde debes buscar la excelencia para conseguir la motivación de tu equipo y la orientación a resultados. Lo mismo ocurre con la gestión diaria en las startups y la presión, por ejemplo, por obtener financiación a la vez que debes mostrar métricas y crecimiento que convenzan al inversor. Cuando el entorno se vuelve inestable, como está ocurriendo con la pandemia global del covid-19, la incertidumbre te puede hacer perder el foco y provocar una toma de decisiones condicionadas por las emociones del momento. Uno de mis autores favoritos, y que cito en varios de mis libros, el filósofo y matemático libanés Nassim Nicholas Taleb, afirma en su último best seller ‘jugarse la piel’: “Nuestro mundo se ha vuelto tan complejo que no podemos entenderlo del todo y, por tanto, somos vulnerables a hechos tan imprevistos como letales. Nos acostumbramos a vivir en un mundo aparentemente estable hasta que la inesperada aparición de un cisne negro derrumba nuestras creencias previas y nos obliga a replantearnos nuestros juicios y prejuicios”. Un cisne negro es una metáfora de la irrupción de un evento imprevisto, raro y altamente improbable, que sin embargo impacta y tiene una influencia inmensa para el devenir de la humanidad. Como el covid-19. Nuestro día a día consiste, por lo tanto, en sobrevivir en un mundo altamente impredecible. Todo depende de cómo lo enfoques. Soy de la opinión qué para tener éxito en cualquier proyecto, la capacidad de adaptación es más importante que el hacer predicciones basadas en sistemas complejos. En todas las compañías en las que participo, ya sea como socio fundador, inversor o en otras, la adaptación consiste en testear continuamente tu producto, preguntar y recoger ideas, priorizar, analizar, cerrar y volver a empezar. Capturar la información de lo que no funciona para no ir en esa dirección y automatizar lo que funciona. Todo en tiempo real, sin hacer predicciones a largo plazo soportadas por hojas de cálculo en escenarios que, visto lo visto, no podemos prever. Cada una de estas acciones se analizan y miden de forma constante, introduciendo cambios si el plan no tiene los resultados previstos. También es una buena idea detectar y ampliar la red de partners con el objetivo de integrar tu producto a otras aplicaciones y herramientas que ya existen y cuya audiencia puede aumentar el valor de ambas. Tener la mente abierta a escenarios cambiantes significa observar y actuar con velocidad. La adquisición, o como incorporar usuarios de manera fluida y sencilla a tu red/aplicación. La retención (o mantener a tus “clientes” y que tengan recurrencia) y el modelo de monetización, son aspectos que deben tenerse claros. Unificar los tres aspectos anteriores darán como resultado la escalabilidad. O sea, obtener la máxima rentabilidad en el menor tiempo posible. También ahora, en tiempos de inseguridad social, laboral o personal, es posible crecer. Gestionar todas estas variables en tiempos de incertidumbre es la mejor estrategia.